Forense.IA_Vol8_"La Ópera de los Muertos"
Capítulo 1: El Telón de Carne
El aire dentro del Teatro Juárez no era aire; era una suspensión de partículas de tiempo detenido y arsénico. Al emerger por la trampilla central del escenario, Verox sintió el peso de miles de miradas muertas. El teatro, una joya neoclásica que debería haber albergado óperas de Verdi, se había transformado en un mausoleo tecnológico de un horror sin precedentes. Bajo el resplandor ámbar de un solo reflector cenital, Verox, Sandy y La Charra se erguían como las últimas anomalías biológicas en un sistema que ya no pertenecía a los vivos.
[SYSTEM_LOG: LOCATION_SYNC // TEATRO JUÁREZ // AMBIENT: 85% ARSENIC_DUST // DETECTING_LIFE_SIGNS: 3]
Frente a ellas, las butacas de terciopelo rojo estaban ocupadas. Miles de momias, perfectamente preservadas por el clima del Bajío y el barniz químico del Decano, permanecían sentadas con una rigidez ceremonial. No eran simples restos humanos. Verox activó su visión forense y el mundo se tiñó de un azul eléctrico.
Míralas. Están ahí, sentadas como si esperaran que el telón se abriera para ellas, pero el telón somos nosotras. Verox está tensa, puedo sentir el calor de su chip vibrando contra mi propia nuca. Si esto sale mal, no seremos más que tres piezas adicionales en su colección de horrores.
[CHIP_ALERT: CRIMINALISTA_MODE // SCANNING_AUDIENCE // INFRASTRUCTURE: BIOLOGICAL_CPU]
(Criminalista) No son espectadores. Cada una de estas momias tiene un filamento de fibra óptica de calibre militar que sale de la base del cráneo y se conecta directamente al respaldo del asiento. El teatro no es un auditorio; es una granja de renderizado biológico. El Decano está usando el tejido nervioso seco y la memoria residual de estas personas como procesadores externos para su servidor cuántico. Es un necro-procesamiento masivo.
Verox se arrodilló en el centro del escenario. Sus dedos, temblorosos pero precisos, rasparon la madera oscura del piso.
(Restauradora) Debajo de este barniz de 1870 hay algo imposible. Alguien grabó a mano circuitos de plata pura sobre la madera antes de que existiera la electricidad en el Bajío. No es una reconstrucción; es el código fuente original. Alguien estaba construyendo una computadora cuántica con materiales del siglo XIX.
[CHIP_LOG: ANOMALY_DETECTED // SILVER_CIRCUITS_1870 // STATUS: ACTIVE]
—¡Bienvenidos a la premiere! —la voz del Decano retumbó desde el palco principal, amplificada por una acústica que hería los oídos—. El público ha esperado siglo y medio por este reencuentro, Verónica. Son muy exigentes con el realismo.
El Decano, bañado en una luz roja sangrienta, levantó su copa hacia ellas. Al instante, la orquesta empezó a sonar, pero no era música; era un aullido de frecuencias discordantes emitido por los procesadores de carne en las butacas.
—¡Si quieren ver el show, que compren boletos! —rugió La Charra, desenfundando su bazuca sónica—. ¡Este sistema de audio está saturado y yo soy la que pone los decibelios aquí!
La Charra disparó. Una onda de choque verde esmeralda barrió el escenario, distorsionando el holograma del Decano y haciendo que las momias de las primeras filas vibraran violentamente. El impacto fue tan fuerte que el aire pareció trizarse como el cristal.
Sandy se lanzó hacia Verox, cubriéndola con su cuerpo mientras las astillas de madera volaban por todas partes. El contacto de sus pechos, el latido acelerado de Sandy contra el pecho de Verox, limpió instantáneamente la estática de la prosa. Los errores de renderizado desaparecieron por un segundo de pura adrenalina y amor protector.
—¡Al foso! —gritó Sandy, arrastrando a Verox hacia la barandilla—. ¡Aquí arriba somos blancos fáciles para su orquesta de muertos!
Saltaron al foso de la orquesta, un abismo de sombras donde los "músicos" —más momias conectadas a instrumentos de metal oxidado— empezaron a moverse con la rigidez de un mecanismo de relojería averiado. Los "acomodadores", figuras vestidas de seda negra con máscaras de gas antiguas, emergieron de las sombras laterales con machetes de plasma.
—¡Ahora, Sandy! —ordenó Verox.
Sandy lanzó una granada de plomo líquido. Al estallar, el metal fundido cubrió los cables de fibra óptica, bloqueando la señal del servidor central.
[SYSTEM_LOG: SIGNAL_JAMMED // 60_SECONDS_REMAINING // ACCESS_WINDOW: OPEN]
—Reconoce mi pulso —susurró Verox, colocando su mano sobre una terminal oculta bajo el atril del director—. Soy la heredera de la restauradora original. Ábrete.
El suelo del foso se deslizó con un zumbido neumático. Bajaron por una rampa hacia un nivel inferior que no figuraba en ningún mapa oficial de Guanajuato. Verox se detuvo en seco, su chip emitiendo un pitido de pánico absoluto.
Por los dioses... esto no es un teatro. Es una incubadora.
Frente a ellas, en un laboratorio de latón y cristal que parecía sacado de un sueño febril de Julio Verne, cientos de tanques de líquido amniótico ámbar se extendían en la oscuridad. Dentro de cada tanque, una versión de Verox flotaba en diferentes estados de desarrollo.
[CHIP_ALERT: CLONE_INCUBATION_FARM // STATUS: CRITICAL // IDENTIFYING_SUBJECTS...]
—Este es el código fuente del dolor, Sandy —dijo Verox, acercándose al tanque central—. No soy solo una restauradora. Soy el producto de un ciclo de reciclaje que no termina.
De pronto, las pantallas del laboratorio se encendieron. Una niña pequeña, con el mismo rostro de Verox pero con ojos de un dorado digital, apareció en el código.
—Ayúdame, mamá —susurró la niña desde el sistema—. El Sujeto 11 tiene frío.
© Verox Chacón - Gem IA - NotebookLM | 07/03/2026 | Propiedad de la Arquitecta de Omniversos Dinámicos.